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Cosas bonitas

Love bubbles

October 25, 2015

Así funciona la industria que reinventa nuestra idea del amor

Lo tercero que hizo Inma al llegar a Nueva York fue comprar una tarjeta SIM; lo cuarto, buscar e instalar Tinder en su móvil. “Una amiga me dijo: para hacer contactos, usa apps”, cuenta. “Yo buscaba tres cosas: contactos de trabajo, de fiesta y para visitar sitios. Decía claramente que no quería más”.

Durante sus seis meses allí, Inma quedó con arquitectos (como es su sector, “daba que sí a todos”), un broker que intentó algo a la primera y no le gustó (“trabajan tanto que necesitan algo aquí y ahora”) y varios extranjeros con los que salía a hacer turismo. Pronto será usuaria inactiva: de vuelta a Madrid, considera borrar la app.

“Hay mucha diferencia. En Nueva York todo el mundo pone su descripción, altura, trabajo y gustos. Es una ciudad capitalista: quien tiene un buen puesto busca alguien con buen puesto”. ¿Usará otras redes? “No sé cuáles hay. ¿El couchsurfing? No es una app, pero…”. Quizá una de las citas más exitosas que ha tenido gracias a internet surgió ahí: utilizó la web para alojarse – el couchsurfing es Airbnb antes de que existiera, sin pagar – y el anfitrión resultó ser Pablo, un chico con quien congenió.

“Llegamos a estar en serio”, recuerda.

 


 

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Vendrá gente de la industria – la startup Groopify y la web francesa Adopta un Tío – y del mundo científico – el investigador de sistemas complejos Esteban Moro.

Trae preguntas. Habrá debate y vino.

 


 

Rocco apura su copa de vino, coge el abrigo y sale a la calle a fumar. Lleva en Londres nueve meses y utiliza Tinder varias veces al día. “Es un hábito. Si estoy fumando un cigarro, lo abro”, cuenta. Tinder es aquí más dinámico que en Foggia, la pequeña ciudad italiana de la que viene y en la que conocía, por amigos en común, a muchas de las chicas que le presentaba la app. Rocco es un usuario activo diario, que da ‘me gusta’ e inicia conversaciones, aunque infiel (también usa Happn porque permite ilimitados ‘me gusta’ sin pagar) y descontento: el proceso desde que alguien le atrae hasta que por fin algo sucede es largo.

“Swipe, match, decir hola, hablar, pasar a Whatsapp…”, suspira. “Es muy lento”.

Rocco está en Tinder como todo el mundo, pero reconoce que la tecnología aún puede mejorar.

 


 

La cercanía geográfica y los círculos sociales se han encargado durante siglos de emparejarnos con fin social (mantener el parentesco), económico (transmitir el patrimonio), afectivo (¡no queremos estar solos!) o sexual. Durante los dos últimos y en sociedades occidentales, todos ellos se han unido: el mito del “amor romántico” es, explican en Pikara Magazine, el modelo que vincula amor y matrimonio, fundamenta la monogamia y las relaciones de pareja estables.

La serendipia, eso que sucede al encontrar algo sin buscarlo y que encaja con la idea del amor como fruto del destino, quedaba hasta hace pocos años limitada al aquí y ahora físicos: a cruzarse en el bar, el metro, la biblioteca, el ascensor o la cola del Carrefour. ¿Acudir a un intermediario? ¡Mal visto! “El ‘amor romántico’ es una ‘fuerza supernatural, ajena a las instituciones sociales’”, escribe Dan Slater sobre los anuncios clasificados de los 90 como método de búsqueda. “Usar un intermediario comercial era profanarlo y admitir un fracaso personal”.

Ya fuera un periódico o una web, el estigma asociado a solucionar el problema de encontrar pareja o sexo recurriendo a una herramienta era notable. Al menos, hasta que llegaron las apps.

 

 


 

 

Tinder funciona desde 2012 en 30 idiomas, 196 países y hace 26 millones de ‘matches’ diarios. “La clave es que es divertida”, responden desde la empresa. “Nuestro objetivo es que conozcas gente nueva. Construimos para resolver un problema real”. Su problema era el viejo modelo de citas online: servicios que cobran por suscripción y webs que piden mucha información. Para el usuario, todas funcionan bajo una idea: dinos lo que quieres, que te facilitamos la búsqueda y el ‘match’.

A partir de 2007, las redes sociales generalistas – o sectoriales, como Linkedin – se llevaron parte del mercado. Pero Tinder entendió el móvil (¿cómo enganchar al usuario? Que parezca un juego) y la cita casual (no me hagas decirte qué quiero, dámelo) y logró convertir el ligue online en normal. Hoy la industria sigue viva: hay nuevas startups, hay inversión (Happn lleva 22 millones en dos años), hay adquisiciones (IAC, el conglomerado de Match, OkCupid y Tinder, compró en junio Plenty Of Fish) y hay salidas a Bolsa. IAC anunció la suya el 17 de octubre.

Los usuarios lo notan. “Tinder y Happn han abierto el mercado. Por fin las mujeres se atreven a entrar”, dice Onai, de 45 años. Para Carmen, en ambas, es un inconveniente: al haber más gente, “el nivel baja”.

A medida que la tecnología arregla viejos obstáculos, al usuario le surgen nuevos problemas.

¿O es al revés?

“Dos estudiantes de Harvard sustituyen a Cupido por un ordenador”

Peter pagó 3 dólares, conoció a once chicas y a la 12 se casó. Era 1968 y vivía en Boston: tres años antes, dos estudiantes de matemáticas de Harvard, Jeffrey Tarr y David Crump, y un tercer compañero, Douglas Ginsburg, crearon Operation Match, el primer servicio de citas computado. La idea no era generar matrimonios, sino “algo divertido”. Junto a los 3 dólares, los usuarios enviaban un cuestionario respondido que un IBM 7090 procesaba. Dos semanas después, cada uno recibía una lista de nombres y teléfonos de sus potenciales parejas.

Peter se divorció en 1979, pero siguió en contacto con su ex-mujer. Como agradecimiento, dejó un comentario en el artículo sobre el servicio que la gaceta de la universidad publicó entonces. “Operation Match fue, posiblemente, el pivote de mi vida”. Tarr, Crump y Ginsburg habían desarrollado “un interesante y rentable producto de la revolución tecnológica moderna”. El periódico Boston Globe llevó la historia a portada y tituló que dos estudiantes de Harvard habían sustituido a Cupido por un ordenador.

El algoritmo de emparejamiento no era especialmente complejo, pero tanto Operation Match como los intentos posteriores (Technical Automated Compatibility Testing fue el siguiente) abrieron una de las características inherentes al dating online: el acceso a más oferta.

 

Operation Match

El resultado que recibían los usuarios de Operation Match

 

En 1995, Gary Kremen registró sex.com. Después vendrían housing.com, jobs.com, autos.com y match.com. Kremen fue uno de los primeros emprendedores de internet: detectó la oportunidad, compró el dominio, levantó 9 millones de dólares de capital riesgo y en el 98 vendió por 50 a IAC.

“Monté la compañía porque era la mejor forma, quizá la única, de encontrar a la mejor mujer del mundo. Era una fantasía. Estaba cansado de comer y beber solo”, contaba en el periódico de San Francisco. “Muchas amigas no usaban los anuncios personales por no revelar su teléfono o fotos. Querían conocer a gente, pero de forma anónima para no ser acosadas. Decidí solucionar el problema”.

Match.com, como Meetic (Francia, 2001), es una red privada que basa su negocio en la suscripción: por 25 euros cada seis meses, el usuario puede buscar por localización y estado (que esté cerca de ti y conectado) o hacer búsqueda inversa (¿quién busca a alguien como tú?).

 

 

Gary Kremen compró el dominio match.com, el germen del que hoy es el conglomerado de amor digital más grande del mundo

 

El problema pasó a ser pagar por ligar.

Markus Frind estaba aburrido y quería charlar, así que cuando vio que no había web en la que no tuviera que desembolsar pensó que podía hacerlo mejor y creó Plenty of Fish. Era 2001 y aún tenía trabajo. En 2003, tras dos años de abandono y dado que su empresa estaba despidiendo, recuperó la idea. “Conocí el concepto de SEO. Me abrió los ojos”, explica en su blog. “Intercambié enlaces y conseguí tráfico”.

El SEO es el posicionamiento en buscadores, o cómo optimizar tu web para que cuando alguien busque algo esté de las primeras en Google. Adsense es el programa de Google para poner anuncios y cobrar por ellos. Con la página bien posicionada y la publicidad en marcha, cinco años después Plenty of Fish era la red de dating más visitada de Estados Unidos. En 2008 facturó 10 millones de dólares y en 2015 vendió por 575 millones a Match.com. Hasta 2007 no tuvo más empleados que Frind, que gracias a su hazaña se convirtió en una suerte de héroe en Canadá, su país.

 

“España tiene a Don Juan, México al Zorro, y Canadá a este programador de 28 años”.

 

¿Qué tenía, además de SEO, gratuidad y sencillez – recuerda que con un diseño igual de cutre Schibsted compró la española Milanuncios por 100 millones – Plenty of Fish? Las decisiones basadas en datos: tanto en producto (“no hago caso a las peticiones de usuarios. Quienes hablan son una minoría con ideas de nicho”) como en información a mostrar.

“Lo que la gente dice que quiere y lo que quiere de verdad es totalmente distinto”, afirma en el vídeo. “En Plenty of Fish, si dices que buscas chicos aseados pero pasas el día viendo perfiles de malotes, te mostraré a los malotes”.

Frind adaptó su web a nuestra disonancia cognitiva: el término psicológico para definir que una cosa es lo que decimos que queremos y otra lo que hacemos. Y otra lo que queremos de verdad.

 


 

Un año antes había surgido Friendster, el Napster de los amigos, el preludio de MySpace, Facebook y resto de redes que vendrían después. Aunque se la considera la abuela de las redes sociales, su problema a resolver no era el de conectar con amigos sino el de ligar. En el artículo que SFGate le dedicó, su creador Jonathan Abrams explica que lo montó después de probar webs de citas y notar que no quería “enviar mensajes a personas raras y aleatorias”. Abrams creía que la gente estaría dispuesta a pagar por conectar con extraños… con quienes tuviera algún amigo en común.

Pero para que la propuesta – tener citas con amigos de amigos es mejor que tenerlas con raros – funcionara, los usuarios tenían que crear su red. ¿Cómo lograrlo siendo un sitio de dating? Diseñando para que no lo pareciera. Este paper de Danah Boyd, autora de varios libros sobre el tema, recuerda que la mayoría no sabía que iba de ligar: creían que servía para conectar con gente y ya. En San Francisco fue un éxito.

Friendster innovó. Asumió que nuestra red social importa cuando buscamos compañía e introdujo un cambio de contexto: si no parece un sitio para ligar, el usuario liga con más comodidad.

 

“Las chicas españolas son como princesas: la idea de ‘conoce gente nueva’ no funcionará”

“Aquí la primera fue Badoo”, recuerda Onai, que es usuario desde entonces y conoce casi todas. “Existían Match y Meetic, pero eran como agencias matrimoniales”.

Badoo nació en 2006 en España. Andrey Andreev, un empresario ruso poco dado a salir en prensa, vivía en nuestro país y creó una web para compartir fotos. “Asumimos que ‘conoce gente nueva’ no funcionaría: las chicas españolas son princesas. No puedes tocarlas, necesitas conocer a sus padres para invitarlas al cine”, dijo a Wired en una de sus pocas entrevistas concedidas. Entre 2006 a 2009, se popularizó, creció hasta más de 48 millones de usuarios, recibió 30 millones de inversión y con un cambio de diseño recuperó a su idea original.

“Lo hicieron muy bien”, considera George, un emprendedor del sector. “’Conoce gente nueva’ llega a más público”. Con más de 200 millones de usuarios, 44 idiomas y 191 países, Badoo, con sede en Londres, tiene un modelo de negocio innovador: en vez de cobrarte por suscripción lo hace por destacar tu perfil, como un AdWords del ligar.

 

El modelo freemium de Badoo: si pagas, puedes salir el primero en los resultados.

 

“Luego abrieron Yunu – la red social española para hacer amigos y lo que encarte – y Victoria Milán”, continúa Onai.

Victoria Milán es una empresa finlandesa que abrió en España en 2011 bajo el lema “Revive la pasión. Encuentra una aventura”. “Es una web de infidelidad dirigida a mujeres”, apunta Alicia Gallotti, su portavoz. “Que ellas no queden fuera. Que no las hiera, que no parezca pornográfico. Creó alboroto en prensa y los moralistas se horrorizaron. Con los años, el miedo al contagio se calmó”.

Con medio millón de usuarios en España, Victoria Milán compite contra Ashley Madison: la red líder para infieles que Impact Team hackeó en agosto. Este análisis de la base de datos demostró que el 95% de los perfiles femeninos eran falsos, bots creados por los empleados. “Es un sitio diseñado para hombres”, escribía Annalee Newitz en Gizmodo, “donde millones de ellos envían emails, chatean y gastan dinero en mujeres que no están allí”.

 

 

Onai detectó perfiles falsos en Victoria Milán – “los datos físicos estaban muy trabajados, mostraban su cara cuando la mayoría de mujeres no lo hace y no contestaban” -, así que cuando duda pide a la chica una foto tocándose la nariz. Galloti asegura que “moderan los perfiles para asegurarse de que son personas”.

Victoria Milán funcionó para Onai. De todos sus años en redes es la que se lleva la palma: van 12 ligues. Le siguen OkCupid (9), Adopta un Tío (9) y Tinder (11).

 


 

En España ninguno de los inventos locales triunfó. Yunu cerró en 2009 y Caoba, una app cuya propuesta era “cortar las malas hierbas” (acceso restringido para gente no vulgar), dejó de actualizar en 2014. En Estados Unidos y Francia, el mercado siguió vivo.

Fundada por cuatro estudiantes de matemáticas de Harvard, en 2010 OkCupid declaró la guerra a las webs de pago. Christian Rudder, cofundador, cogió los 20 millones de usuarios que decía tener e-Harmony, calculó sus ingresos mensuales, estimó cuánto dura cada cliente y concluyó que había 750.000 suscriptores, esto es: de 20 millones, un 96% de los perfiles eran zombies (sin pagar, no puedes hablar). Hizo lo mismo con Match.com.

“Match y eHarmony ganan dinero de suscriptores. Si el cliente medio dura 6 meses, necesitan adquirir más, porque renta más alguien nuevo por seis meses que mantener uno o dos a alguien antiguo. La única forma en la que no ganan dinero es conectando a suscriptores con otros suscriptores (…) Si eres suscriptor, haces adquisición de nuevos usuarios. No te mostrarán demasiados zombies porque te irás, pero tus mensajes son su material para convencer a los no suscritos a unirse. Si parte de la gente a la que escribes se une (para poder contestarte), estás trabajando gratis para la red. Un segundo… ¡ya pagas a la red!.

El post incluía el ciclo, basado en los datos de inicio de conversación y respuesta por sexo que tienen en OkCupid.

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Pero hay otro modelo de pago: las funcionalidades premium. Es el que adoptaron las webs de segunda generación y, años más tarde, las apps.

En Adopta Un Tío, web francesa creada en 2007, pagan los chicos. “Proponemos una tienda donde las chicas son clientas y los chicos productos”, explica Claire, del departamento internacional. Como ellas deciden a quién meten en su cesta y ellos sólo pueden mandar ‘hechizos’ pagando, “a las chicas les encanta porque reciben mensajes de quien eligen”. En 2011 lanzaron en España, su segundo mercado más grande.

Con A-list, un servicio de navegación privada y búsqueda avanzada, OkCupid pasó al freemium. ¿El negocio hasta entonces? La publicidad. Tanto para su algoritmo de emparejamiento como para vender a anunciantes, su valor está en los datos: los que dan los usuarios respondiendo preguntas o simplemente dejan al navegar por la web. ¿Qué tipo de perfil visitan y a cuál envían mensajes? ¿Con qué frecuencia? ¿Y longitud?

Rudder analiza estos datos y hace experimentos con humanos en su blog.

“En vez de hacer encuestas, como se hacía antes la ciencia social, puedo ver lo que realmente pasa. Ejemplo: que 100.000 hombres blancos interactúan en privado con 100.000 mujeres negras. Los datos están en nuestros servidores. Es una oportunidad sociológica irresistible”.

 

Cómo valoran las mujeres a los hombres según su edad (datos de OKCupid)

 

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Cómo valoran los hombres a las mujeres según su edad (datos de OKCupid)

De la teoría del Meh – “gustar universalmente es ser relativamente ignorado”, o por qué es mejor que menos gente te valore con un 5 de 5 a que mucha lo haga con un 3 – a cómo tu raza afecta a la cantidad de mensajes que recibes, la colección completa está en el libro que publicó el año pasado: Dataclysm. Who we are, when we think no one is looking (quiénes somos cuando creemos que nadie nos ve).

Por cierto. El post que desmontaba a las webs de pago desapareció en 2010, cuando Match.com compró OkCupid por 50 millones.

 

“Es bastante fuerte que haya una app para ver maricones a mi alrededor”

Steve Jobs presentó el iPhone 3G el 9 de junio de 2008. Nueve meses después, Grindr entró en la App Store: fue, junto a Foursquare, una de las primeras apps en aprovechar la velocidad de conexión y el GPS del móvil.

“El problema de conocer a hombres es la falta de acceso”, reconoce su fundador, Jonathan Simkhai, en el libro sobre la app. La tecnología sería la solución: Grindr muestra gays a tu alrededor. “A final de 2009 ya funcionaba en España”, recuerda Alfonso, que fue usuario. “Se difundió rápido entre el colectivo gay. Después vinieron Bender y Brenda, para bolleras”. “Si triunfa”, añade María, usuaria de la segunda, “es porque es el único sitio en el que podemos encontrarnos”.

Grindr unió dos básicos de la economía digital: gratificación instantánea (quiero un coche y lo quiero ya – Uber, quiero comida y la quiero ya – Just Eat, quiero lavar mi ropa y lo quiero ya – Washio) y opciones de nicho. “Recuerdo tener 20 años, ir a citas y que no me volvieran a llamar”, continúa Simkhai. “Lo bueno de Grindr, que espero haya ayudado a la sociedad, es que muestra alternativas”.

Bender hoy se llama Wapo y Brenda, Wapa. Her, para lesbianas, recibió en junio un millón de dólares de financiación. Son tres de las decenas de startups de dating nacidas en los últimos años: para judíos, JSwipe, para millonarios, Luxy, para tríos, 3nder. Para tomar una copa sin chatear, George Christoforakis montó Reendeevo; para quedar en grupos de dos o tres, Pablo Viguera fundó en España Groopify.

En 2014, Carlos Sánchez lanzó Love-Me-Do. “Vimos qué apps lideraban el ranking de pago en la App Store y, además de los juegos, eran las de ligar. Estaba claro”. Quisieron suavizar el tono Tinder. “Que fuera más femenina. Que no fuera tan rápido a la transacción”.

La transacción es lo que sucede en un mercado al final del proceso: significa que el usuario ha entrado, visto productos, añadido al carrito y comprado.

En el caso del ligar, la transacción es el encuentro. Al menos, para el usuario.

 

“Es como un catálogo: perfecta para solteros”

Míriam quería algo estable, así que bajó Tinder, bajó Happn y se puso a buscar. “Me gustan. Son directas”, cuenta. Para no caer en chats interminables, acortó el proceso: tras el primer filtrado, proponía cuanto antes tomar un café. “Con un primer encuentro ya sabes si sí o no”. Quince citas después, Míriam conoció a Juan, empezó a verle cada semana y dejó de usar ambas apps.

Tinder y Happn son las reinas del teléfono. La primera abrió en 2012 bajo el paraguas del grupo de Match.com. Con 50 millones de usuarios, su crecimiento fue espectacular. Cuenta uno de los fundadores que al principio “enviábamos a Whitney Wolfe (cofundadora) por todo el país. Iba a encuentros de hermandades (sociedades universitarias femeninas de Estados Unidos) y conseguía que todas las chicas la instalaran. Luego iba a la hermandad masculina correspondiente. Los chicos abrían la app y veían a las chicas”.

Sin oferta no hay demanda, así que Tinder llenó su marketplace de mujeres para atraer a hombres.

A finales de 2014, Wolfe demandó a Justin Mateen, cofundador, por acoso sexual. Aunque el caso se resolvió, reveló la cultura de la compañía. Wolfe, que había identificado los problemas de Tinder para las chicas, creó su propia app: Bumble, donde las mujeres controlan, donde si hay ‘match’ sólo ellas pueden hablar.

“No competimos contra otras apps. Resolvemos un problema real”, explicó a The Telegraph. El fundador de Badoo invirtió. “Withney”, decía, “es una de las pocas personas que entra en el mercado con una visión nueva para cambiarlo”.

 


 

Tinder introdujo el ‘swipe’: deslizar a un lado u otro para tomar la decisión (¿me gusta o no?). Es divertida, adictiva e incluso social: de Madrid a Londres, Foggia o Nueva York, no es raro abrir Tinder entre amigos/as y jugar.

“Es como un catálogo”, define una usuaria. “Perfecta para solteros”.

Si hay muchos usuarios y el catálogo no acaba, la percepción de la oferta es infinita y el valor por unidad cae. Esto, que aplicado al amor suena muy frío, no es ni nuevo ni único del sector tecnológico del ligue.

Jon Birger, autor de Date-onomics: How Dating Became a Lopsided Numbers Game, compara la actual cultura hookup (rollo de una noche) con la de Estados Unidos tras la Primera Guerra Mundial: con diez millones de soldados muertos, había exceso de mujeres, déficit de hombres y ellos no querían asentarse. Otro pasaje del libro menciona San Francisco, donde el exceso demográfico es de hombres y en el mercado heterosexual “las expectativas para mujeres mejoran”. Su análisis incluye otras variables (educación, género, cultura) y mercados (universitarios, treintañeros, homosexuales). Si quieres saber más, Playground lo resumió en español aquí.

Internet – ya sea vía apps para ligar, redes sociales generales, couchsurfing, Linkedin, Instagram o Spotify – permite acceder, desde más sitios y durante más tiempo, a mucha más oferta.

¿A toda?

 

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“El ‘swipe’ fue revolucionario. Pero no es la forma más humana de interactuar. Tienes que decidir para pasar de nivel. La vida real son pequeñas coincidencias, así que nuestra idea es el scroll. No decides a la primera. A veces alguien no te interesa en la primera foto, pero después de verlo varias veces sí”.

Al habla Marie Cosnard, de Happn: la aplicación que en un año ha logrado competir con Tinder. Creada en París en 2014, lleva 22 millones de inversión para captar usuarios – principalmente, vía Facebook – y su negocio es que paguen los chicos. Si ambos perfiles se gustan los conecta, pero si quieres llamar la atención de alguien puedes enviar un saludo, gratis para ellas y a 15 céntimos para ellos.

Happn nace para mostrar el timeline de tu vida basado en con quién te hayas cruzado. Funciona, considera Míriam, por los lugares comunes: si sales por cierto barrio o tomas café en cierto local, quizá la persona que buscas también.

Si el local es muy grande y está lleno de chicos con la app, Happn promete mostrar a todos: su único filtro son las preferencias por edad y sexo. ¿Y si está lleno de chicos que tienen la app pero llevan meses sin abrirla? Si Happn te los muestra, hablas con ellos y no responden, te decepcionarás y dejarás de usarla. Ese es, dice Marie, el único caso en el que filtran: los perfil inactivos no salen.

Con 50 millones de usuarios, el algoritmo de Tinder es más complejo. Si te enseña todo, quizá no acierte y te vayas. Necesita un balance entre la actividad (que el usuario suela hablar), lo selecto o no que sea (como muchos usuarios daban que sí a todo, Tinder limitó los ‘swipes’ y hay que pagar si quieres más) y la posibilidad de que a ti te vaya a gustar.

 

 

Éxito de tus mensajes según tu atractivo: si eres un hombre muy guapo, te contestan más las chicas medianamente guapas que las feas. Si eres un hombre feo, te contestan más las chicas feas. Los datos son de OkCupid.

 

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Éxito de respuesta según atractivo, esta vez si eres mujer.

 

“Exacto”, dijo Justin Mateen en una entrevista en GQ. No hay que construir un personaje en Tinder. “Se alimenta de tu gráfica social de Facebook: examina cómo te comportas allí en términos de privacidad e interacción con otros usuarios para hacerse una idea de quién te puede gustar. Como también aprende con el tiempo sobre tus usos, no necesitamos preguntarle a la gente qué tipo de persona les gusta: nos lo imaginamos por ellos”.

Recuerda lo que hacía Plenty of Fish: si te pasas el día viendo fotos de malotes, significa que te gustan los malotes. A Tinder no le dices qué quieres, pero puede inferirlo. Su objetivo es similar al de servicios como Facebook, que para mantenerte dentro tiene que tenerte contento. La burbuja de filtro es lo que pasa cuando los algoritmos sólo muestran lo que creen que nos interesa, y no todo lo que pasa de verdad.

 


 

Cuando conoció a Míriam, Juan desinstaló la app, lo que significó un cliente y una usuaria menos para Happn.

“Nos lo preguntan a menudo”, continúa Marie. “¿Cómo sobrevive la empresa a largo plazo si un cliente feliz son dos usuarios menos? Puedes conocer a alguien para el resto de tu vida, pero también que te dure dos años o dos meses. Hay gente que se empareja seis meses y al dejarlo vuelve a la app”.

La recurrencia es el final del proceso: significa que, tras la transacción, el cliente vuelve. Para las apps es un valor al alza. ¿Qué hay más valioso que un usuario que te descarga, lleva en su pantalla y abre varias veces al día? También llamado engagement (o enganche), en Happn la cifra es alta: cerca del 40% de usuarios mensuales vuelve. “Por lo que sabemos del sector, es espectacular”.

¿Es la posibilidad de volver al mercado la causa de que las relaciones duren menos? La escasez, argumenta Slater, ha motivado durante toda nuestra historia la búsqueda de pareja. “Antes, uno conocía cierta gente. Reducía sus opciones, elegía a alguien, se establecía y en el mejor de los casos era feliz. Incluso con la legalización del divorcio, que facilitó el fin de las relaciones fallidas, muchos prefirieron seguir con el diablo creyendo que era mejor”.

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Cincuenta años de inventos tecnológicos después, la percepción de escasez ya no es problema. “No prometemos el amor: somos una herramienta para que la gente se encuentre. Quizá se enamore o quizá no”, continúa Marie. “Personalmente, creo que hoy en día tienes que conocer mucho a alguien antes de enamorarte”.

En otras palabras: que ya que puedes, elegirás mejor. La paradoja de la elección es la teoría psicológica que dice que a más libertad para elegir, menos felicidad al hacerlo. Solucionado el acceso, la tecnología busca ahora resolver esa libertad. El mercado está abierto pero fragmentado y cada usuario busca una cosa, o varias a la vez.

 

“Nuestra misión es aumentar la conectividad romántica global”

“Dado el amplio rango de preferencias del consumidor, la estrategia es tener un portfolio con productos de citas que alcancen a la mayor cantidad de usuarios posible”.

El pasado 16 de octubre IAC – el conglomerado que integra Match.com, OkCupid, Tinder y Plenty Of Fish – hizo su oferta pública de venta. El documento es una peculiar muestra de qué son nuestras relaciones hoy: una multinacional cuya misión es “aumentar la conectividad romántica global porque, ya sea cita, relación o matrimonio, eleva el espíritu y es una necesidad humana fundamental” se prepara para salir a Bolsa. Wow.

IAC tiene 45 marcas, 59 millones de usuarios activos mensuales, 4,7 millones de pago y factura 1.000 millones al año. Su valor está en que controla todos los segmentos (la web vieja, el fremium y el móvil); sus riesgos, en los ciberataques (como el de Ashley Madison) y en que no para de salirle competencia.

“La industria es competitiva y la entrada de competidores, constante”, apunta IAC. Crunchbase lista 683 startups de dating online; en Product Hunt hay otra colección de apps. Global Dating Insights es la publicación especializada del sector. El “ecosistema” es tan extenso que hay hasta servicios basados en apps. ¿Te acuerdas de TinderUs, la consultora que optimizaba tu perfil de Tinder por 60 euros? Año y medio después de probarla, sigue viva.

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Rocco apaga el cigarro, guarda el móvil y vuelve al bar. “Después de pasar a Whatsapp, toca quedar. ‘¿Y cuándo puedes, el lunes? Porque yo salgo tarde del trabajo…’. Siempre así. Es complicado coincidir. Cansa”.

A Rocco le gustaría una app que facilitara la logística y el match real. No es el único que ve problemas: quienes viven en provincias se quejan de que allí no sale gente; muchas chicas, de los mensajes de pesados, irrespetuosos o acosadores. Hay quien querría gestionar su relación con eficiencia e incluso quien cree que su impedimento no es tanto la adquisición (conocer gente) como la retención (“¡no tengo tiempo para novias!”).

En Love: Design for It, un texto del fundador de How About We, hay catorce ideas en el espacio del amor: tanto de parejas – noviazgos a distancia, mejora del sexo, coordinación de actividades y cuantificación en datos de la relación – como de citas – conectar por vídeo, por amigos de amigos de amigos o por datos biológicos. “Pronto esta información”, concluye, “nos permitirá hacer el match más efectivo”

 


 

Inma aún no borró Tinder – “lo haré pronto” – pero tiene varias peticiones. “Hablé con un amigo y estamos de acuerdo en que falta algo que encaje mejor los perfiles. Tú te describes a ti mismo, pero es un aburrimiento estar con alguien como tú. Imagínate: yo pongo que me gustan los gatos, pero no tengo gato. Pues que me muestre a alguien que sí”, dice, tras un largo rato de conversación. “¿Y la voz? La voz es muy importante. A mí me dice más que una foto.

¿Es que nadie se ha planteado una app de ligar por voz?”

 

Discussion

19 responses to ‘Love bubbles

  1. Un texto magnífico, un tema muy competente, una escritura pulcra, y sobretodo, un punto de vista desde el que nadie lo había tratado antes.

    Solo lia.do sabe tratar un tema así.

    Muy recomendable.

  2. Muy buen artículo!

    Pero he echado de menos plantear otras soluciones de dating online (y españolas!) como Wanty, que soluciona el problema que se comenta en varias ocasiones del proceso de acabar encontrándose ya que esta app pone en contacto gente que dice que asistirá en un mismo evento de ocio (bares, pubs… E incluso universidades).

    Saludos!!

  3. Este artículo es brutal. El mejor y más completo que he visto nunca sobre el tema. Como usuario de dating y futuro emprendedor, llevo años dando vueltas en mi cabeza a posibles ideas de negocio sobre dating online y el artículo me ha ahorrado decenas de horas de investigación y entrevistas. Gracias!!!

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