Problemas del primer mundo

La invasión de las mamá-apps

December 14, 2015

Los sacos con la ropa limpia llegaron a casa el viernes por la mañana, previo aviso del repartidor. Los recogió el miércoles a última hora, pasadas las nueve, porque en el piso nunca hay nadie más temprano. Hubieran sido 15,50 € (10 de lavado y 5,50 de envío) pero esta vez me salió a cero: Washrocks acaba de abrir en Madrid y está de promoción.

Si tú también quieres que te laven la ropa gratis, puedes entrar en su web: la empresa necesita usuarios y pocas técnicas funcionan mejor que dar a probar el producto. La pregunta es: ¿de verdad necesitas que te laven la ropa a domicilio? ¿De verdad lo necesitaba yo?

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Mamá, no quiero planchar.

Washrocks es la última recién llegada al sector “apps que te harán la vida más fácil” o “apps que sustituyen a tu madre”. El término no es mío y la tendencia no es nueva, sólo que en España vamos por detrás.

Silicon Valley lleva varios años creando para sí misma: está llena de jóvenes trabajadores en tecnología cuyos problemas se resumen en “no tengo tiempo para hacer la compra / la colada / la cena / limpiar pero sí un móvil y dinero para pagarlo”, y la ola de aplicaciones que solucionan tareas domésticas y gestionan la logística ya está aquí.

El círculo se cierra con la famosa última milla, o los recados dentro de la propia ciudad: a las grandes empresas de mensajería no les renta enviar paquetes cerca, así que muchas startups quieren “disrumpir el sector”. Dice Jaime Novoa que “éramos pocos y parió la abuela” y no le falta razón.

Pero volvamos a Washrocks y al resto de apps.

 

El ataque de los clones

Elisabet Mas es de Barcelona y dejó su trabajo en ByHours en junio de 2014.

“Todos buscamos referentes y es importante saber qué pasa fuera del mercado español”, explica por teléfono desde Madrid, donde vino para el lanzamiento. “Detecté la tendencia de subcontratación de servicios domésticos en el mercado anglosajón. Allí salen como setas. En Silicon Valley hay un concepto de personas-burbuja, tan tecnológicas que podrían controlar todo sin levantarse, desde su móvil. Partiendo de esa base, vi que lo ideal era testarlo en un terreno conocido. En España había envíos de comida, pero no de lavado de ropa”.

Washio es una empresa que un día tuvo la “loca idea” de que alguien viniera a recoger tu ropa sucia y la limpiara con sólo pulsar un botón. La industria de la lavandería era vieja e ineficiente, pero la tecnología podía mejorarla. Jordan Metzner y Juan Dulanto, sus fundadores, no fueron los primeros en pensarlo pero sí los que más han escalado: la app ya funciona en cinco ciudades estadounidenses y tiene 10,5 millones en caja para abrir en más.

La copia europea, cortesía de la fábrica de copiar ideas alemana Rocket Internet, se llama ZipJet y abrió en Londres – otra ciudad de gente sin tiempo y con dinero.

En España aún nadie podía hacer la colada a través de un botón.

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“Dije: vale, existe allí y aquí no”, continúa Elisabet. “Punto 1, check”.

 

Si el negocio ya funciona, mejor

“Todo lo que hay en Estados Unidos llega aquí con retraso”, reconoce Ismael González, de Comprea.

Comprea es el Instacart español: una app que te lleva la compra a casa. Los grandes supermercados – Mercadona, Carrefour, Alcampo – entregan a domicilio y tienen compra online, pero hay espacio para innovar: puedes ofrecer un servicio personalizado y una app mejor que sus webs. Como muchas otras startups de logística, Comprea recluta gente que te lleve la compra y se reparte con ellos (los shoppers) lo que pagas por envío, así que ingresa dinero cada vez que alguien la usa.

Sus cuatro fundadores – Ismael, Javier de la Llave, Martín Chamarro y Javier Berlana – venían de montar una startup que no: Meets, una (otra) app para hacer planes entre amigos que nunca llegó a despegar.

 


 

Meets nació en agosto de 2013 en un piso compartido en La Latina, en Madrid. Poco antes todos dejaron sus trabajos – en Destinia, Mobile2One y Firefox – para centrarse en el proyecto. Tras varios meses mejorándola desde la habitación, en febrero se hizo pública. Celebraron el lanzamiento con una fiesta en el bar de la esquina.

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La app tenía usuarios, los usuarios creaban planes y el futuro sería que los establecimientos – bares, salas de conciertos – pagaran por estar ahí. Plug and Play seleccionó a Meets para su programa de aceleración y se mudaron a Valencia. Como aún no había bares que pagaran, la única forma de seguir viviendo y trabajando sólo en la app era, más allá de sus ahorros, recibir inversión.

“Pero no había un modelo de negocio claro y atractivo para inversores”, recordaban Martín e Ismael hace unos meses, cuando hablé con ellos sobre Tuenti (donde ambos trabajaron ). “La necesidad no era tan grande como pensábamos y no teníamos un increíble volumen de usuarios. Así que no salió”.

Meets no consiguió financiación, pero los mentores de Plug and Play vieron que sus fundadores eran muy buenos. Podían desarrollar otra idea. Instacart ya estaba probado: si funcionaba en Estados Unidos, ¿cómo no iba a hacerlo en España? Juntos constituyeron otra empresa y en abril de 2014 Comprea abrió en Valencia.

 

¿Quién necesita que le laves la ropa o le lleves la compra?

Dice la teoría de la innovación tecnológica que la mayoría de herramientas nacen para resolver los problemas de quienes las crean (teoría repetida varias veces: una, dos y tres). Si las apps que Europa y España clonan nacieron en Silicon Valley, donde las casas no tienen lavadora, la gente que trabaja en tecnológicas gana mucho dinero y las distancias son más grandes (y el transporte peor), ¿por qué se supone que iban a triunfar aquí?

“En Barcelona hay un boom de lavanderías autoservicio. El turista anglosajón suele ir”, explica Elisabet. “Ahorra tiempo y dinero. Si haces de esta tarea doméstica algo industrial, ahorras agua y electricidad. Una familia con niños pone una lavadora al día. Y el tiempo libre se ha revalorizado: tienes poco y si quieres una vida equilibrada necesitas más”.

Washrocks subcontrata el servicio a lavanderías y la logística (recogidas y entregas) a otra empresa. La usan quienes tienen poco tiempo. “Los early adopters (primeros usuarios) son hombres de entre 30 y 40, ejecutivos que visten camisa y traje. Ganan bien pero trabajan un montón”.

Ocho meses después de lanzar, Elisabet dirige a un equipo de seis personas de marketing y negocio. La app la desarrolla otra empresa. ¿Su clave? La captación de usuarios, que pagan con la primera ronda de financiación que recibieron. Por eso para que la gente lo pruebe dan el primer servicio gratis.

“Tenemos que provocar una experiencia y salvar esa primera barrera de entrada”, concluye. “No es un servicio que necesites de primera mano: necesitas leche en la nevera, pero no alguien que te lave la ropa”.

Washrock tiene 80 pedidos semanales y asegura que el 70% de quienes prueban, repiten.

 


 

María tiene 81 años y vive en Valencia desde hace 40. Es la usuaria (persona) más recurrente (que más vuelve) de Comprea: todas las semanas hace un pedido al Mercado Central. Su enfermedad le impide salir de casa así que compra por internet.

“Nuestro cliente tiene entre 18 y 35 y vive en pareja. No son familias. Pero también hay gente como María. Está muy diluido”. A María la “captaron” con un anuncio en Facebook: cuando Comprea abre en un barrio, hace campaña para aparecer en el muro de la gente que vive allí. Después de lanzar en Valencia, la mitad del equipo vino a Madrid.

¿Qué implica abrir en un barrio? Veamos el modelo de Comprea, que es complejo:

  • Por un lado están los shoppers: autónomos o gente con tiempo libre que hace la compra y reparte los pedidos.
  • Por otro, los usuarios: gente sin tiempo libre (o que no sale de casa, como María) que compra a través de la app.
  • Los supermercados: para saber qué comprar, hace falta un catálogo. Comprea integra el de Mercadona, Carrefour y Mercado Central de Valencia.
  • La localización (si vas a traerme la compra, ve al súper más cercano), el tiempo (que al shopper y al usuario le venga bien), el pago (¿quién paga en caja?) y el equilibrio de oferta (shoppers) y demanda (usuarios).

“El proyecto es mucho más grande de lo que pensábamos”, cuentan. “No es complejo tecnológicamente, pero tiene muchas patas y alcance logístico para los pocos que somos”.

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Los shoppers se reclutan vía web y marcan a qué códigos postales pueden repartir. Un mapa cruza esos datos con los Mercadonas y Carrefours de la ciudad. Cuando hay suficientes shoppers y un supermercado cerca, abren en una zona y captan usuarios con Facebook Ads.

Los shoppers marcan sus horarios y reciben los pedidos en una app interna. Cuando hacen la compra, marcan el precio final (por ejemplo, una cuña de queso va al peso y puede costar 3,85 € en lugar de 3,33 €), fotografían el ticket y pagan con una tarjeta de Comprea. Un problema fue la falta de disponibilidad de shoppers para tanto pedido. Ahora prueban a incorporar una capa más: conductores autónomos que repartan las compras. “Así, en lugar de un pedido a la hora podemos entregar tres”.

Con cuatro personas en desarrollo, una en marketing y otra en operaciones, Comprea, que vive con dinero de Plug and Play, tiene 90 pedidos semanales y dos retos: automatizar procesos y abrir en más ciudades.

“Si quisiéramos, podríamos lanzar Barcelona el mes que viene. El drama fue venir de Valencia a Madrid, pero repetir no es complicado. La clave es hacer de algo complejo un proceso escalable: que un día no estés en un sitio y al siguiente sí”.

 


 

HomeJoy es una startup estadounidense de limpieza de casas que en seis meses abrió en 30 ciudades: el sueño de la escalabilidad, palabra para definir que la magia de la tecnología es llegar a mucha gente sin aumentar los costes de producción.

La réplica española, EsLife, cerró hace dos semanas como consecuencia de una inspección laboral. EsLife era un marketplace que conectaba limpiadores con clientes y la ley aún no sabe si los limpiadores – o shoppers, o repartidores – deben ser empleados de los intermediarios (las webs o apps) o basta con que sean autónomos.

Las apps que hacen tu vida más fácil – sea lavándote la ropa, haciéndote un recado, trayéndote la cena o la compra semanal – tienen varios problemas que resolver.

Primero, convencerte de que las necesitas (por eso está la calle llena de cupones descuento para que las uses). Segundo, reclutar repartidores que trabajen para ellas. Algunas subcontratan la logística a otra empresa (como Washrocks), pero lo habitual es hacerlo bajo el mensaje de la economía colaborativa (¿tienes tiempo libre? ¡Gana dinero extra repartiendo con flexibilidad!). Tercero, crear sistemas que conecten oferta, demanda, espacio y tiempo (ya ves que no es tan fácil). Cuarto, escalar. Y quinto, competir.

Cada día hay más. Nacen como copias en España o Europa, o nacen en Estados Unidos y vienen aquí. Te traen la compra (Deliberry tiene mamá-shoppers, Unplis, La Cesta del Mercado, Delsuper), te traen la comida (Deliveroo y Take Eat Easy, que a diferencia de Just Eat, donde cada restaurante pone su repartidor, reclutan repartidores con bici), te limpian la casa (GetYourHero), te lavan la ropa (Mr Jeff) o te hacen recados (Glovo). Y aún sin ser públicas, pero con mucho dinero en caja, las últimas en aparecer son Ermes y Stuart. Prometen repartirte cualquier cosa en menos de una hora.

“Es bueno que haya competencia: si en tu sector no la hay, es que llegaste pronto”, concluye Ismael. “Pero creo que es mucha para ser España. Quizá había un germen: el modelo ya funcionaba en Estados Unidos. Hasta ahora, que se ha empezado a hacer aquí”.

 

 

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